viernes, 9 de mayo de 2008

¡Pintar para esto!

La vida consiste en eso, está claro. Eh, otro lugar común, me dirán. Pero es así: empezar, empezar y empezar. Siempre la misma historia. ¡Cuántos rotos arreglados que vuelven a jorobarse! ¡Cuántas cicatrices cerradas que vuelven supurar! Pinturas, chapados y cosidos que luego no valen para nada.

La gracia de todo está en ese simple momento, con la edad es más complicado, de volver a levantarse. A los niños sólo les cuesta un pequeño impulso y un par de lágrimas.

5 comentarios:

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Un par de lágrimas y un par de botes de pintura, claro.
Saludos

Anónimo dijo...

Madre mía, menudo destrozo... Cuando acaben las obras me avisas para la inauguración. QM.

María dijo...

puf, que profunda entrada!! ¿o es que hoy estoy filosofa?

Marta dijo...

Nos pasamos la vida empezando. Y aunque nos resulta difícil, bien mirado es una nueva oportunidad cada vez que nos caemos. Anoto: intentar levantarse como los niños. Y mejor con ayuda de alguien.

Cata Fernández dijo...

Es cierto, Miguel, pero ¿y lo que aprendemos en el camino? Las caídas nunca son en balde.