viernes, 27 de octubre de 2006

El palomo en la jaula

Viene una eminencia, catedrático catalán, a la universidad, para dar su diagnóstico sobre el periodismo. Tengo que recogerle en la estación de trenes. Nunca le he visto. Un amigo, artífice de la conferencia, me lo describe escueta y certeramente: hombre elegante con barba y maletín. Hago un repaso al personal que baja del tren. Espero, espero, espero... lo tengo.
-¿Es usted, el Señor X?
-Sí, ¿qué tal?
El coche está mal aparcado y le digo que vamos justos de tiempo. Arranco, nos ponemos en marcha y a los cincuenta metros suena el móvil con Extreme ways, una canción de Moby que cierra la película El Mito de Bourne. El blutuz se pone en marcha y el sonido sale por los altavoces del coche a todo volumen, pues venía escuchando música. Me asusto y frenético trato de descolgar la llamada. Tensión. Es una de las primeras veces que uso esta herramienta, y nunca antes delante de una personalidad. Tenía que dar buena imagen. La llamada es del organizador, que quiere enterarse si ha salido todo bien y si estamos en camino. Sin embargo, sus palabras no fueron esas. Y no sabía que estaba el móvil con el manos libres.
-Sí, dígame.
-Hola, soy yo, ¿está el palomo en la jaula?
-...
Histérico, empiezo a toquetear el volumen, la radio, el movil, y en silencio. Se me ocurren rápidamente posibles salidas: "Se ha equivocado de teléfono". "Te está escuchando, Don X". "No te entiendo". "Perdón, perdón, no sé quién es". Al cabo de cinco segundos:
-Sí, luego hablamos.
-Vale, adiós.
Cuelgo. Tierra trágame. ¡Y qué digo ahora! Segundos que se hacen eternos. Menos mal que el catedrático sale en mi rescate y comenta la expresión con humor, entre risas, y enseguida cambiamos de tema. Yo estaba a punto de empezar a excusar la frase, diciendo que era muy típica de por aquí, que nos saludamos así, etc. Hubiera sido una tortura verbal.
Fue bastante divertido. Luego se lo comenté a mi amigo, que estaba particularmente empeñado en que todo saliera bien. Nos estuvimos riendo toda la tarde. Me dijo que la frase la decía por esas típicas películas de la CIA o el FBI en la que protegen al presidente de los Estados Unidos o a un testigo y emplean ese tipo de claves. "Águila I llamando a Halcón Veloz, ¿está el nido libre?".

5 comentarios:

francotirador dijo...

Muy buena historia y muy bien contada, Sintomático

Ander Izagirre dijo...

El mayor cagadón de este tipo que conozco lo cometió la madre de un amigo mío. Llamémosla María.

María tiene una señora que va a limpiarle la casa: llamémosla Cándida, que es muy parlanchina y cuando se pone pesada no te suelta en media hora.

Cándida quiere comprar un piso y le dice a María:

-¿Tú no tienes un hermano que trabaja en una inmobiliaria? ¿Podría hablar con él?

María le dice que sí y le da el teléfono. Cándida queda con el hermano inmobiliario en la agencia. Mientras tanto, María decide llamar a su hermano inmobiliario para decirle que tenga cuidado con Cándida, porque puede enrollarse y tenerle media tarde. Le deja el mensaje en el contestador.

Cándida llega a la cita un poco antes que el hermano inmobiliario, la agencia está cerrada. Llega el hermano inmobiliario. Se saludan, el hermano inmobiliario abre la agencia, entran juntos. Mientras se sientan, el hermano inmobiliario ve que el piloto del contestador automático parpadea. Le da a la tecla para escuchar los mensajes. La voz de María inunda la habitación, el hermano inmobiliario y Cándida escuchan:

-Hola, hermano inmobiliario. Sólo quería decirte que tengas cuidado con Cándida, porque a veces se pone pesadísima, empieza a hablar y no calla en media hora, ya verás cómo te cuenta el accidente que tuvo su marido en el trabajo y las operaciones que le han hecho desde entonces... Despáchala rápido.

Nahum dijo...

¡Qué embarazosas historias que contáis, amigos! De todas maneras, sintomático, había oído que la justificación era que se trataba de una expresión típica de Elche. Tus topos fallan, amigo.

Para no "ander" rezagado, aquí va la mía:
En la uni, tenemos un equipo de fútbol-sala. Yo, como capitán, envío cada semana un correo colectivo a los chavales. Hora y pista del encuentro.

Bien, estamos a lunes. Durante el fin de semana, uno de los integrantes consiguió (contra todo pronóstico) ligarse a una chica bellísima, perteneciente a la tribu de las inalcanzables. Durante todo el fin de semana, viendo cómo se autoconvencía de sus posibilidades, yo le imponía el principio de realidad: "amigo, esas tipas son un sueño, una invitación divina para que nos sintamos siempre insatisfechos y bla, bla". Pero triunfó.

El lunes, tras enviar yo mi correo colectivo, recibo un mensaje del tortolito: "Albert, no me lo creo, estoy en una nube. He empezado a salir con X. ¡Qué mujer! Ya no las fabrican así. Pero, ssshhhh, no se lo digas a nadie aún. Guarda el secreto hasta que me pellizque varias veces".

En lugar de reply, pulsó el "reply all". Ya os imagináis el cachondeo del resto del equipo: le empezaron a llover mensajes al correo del tipo: "no te preocupes, de los quince que somos no va a salir" ó "si quieres, te pellizco yo" o, el mejor: "necesitamos cheer leaders para el equipo; creo que tú has encontrado una este finde, ¿no?".

sintomático dijo...

¡Qué buenas las dos historias! La de Nahum me ha recordado a aquel que recibió una orden de su jefa y él a su vez quiso transmitirla a su colega, para que ambos pusieran empeño en la misma línea. Y en lugar de 'reenviar' le dio a 'responder', con el siguiente texto: "Pepito, ha dicho la morsa que atendamos a los alumnos de prácticas y...". Luego intentó arreglarlo con una caja de bombones. Y volvió a equivocarse, pero eso forma parte de otro universo.

marta marmota dijo...

jajajaja Menos mal que al tipo no le dio por aprovechar para torturarte psicológicamente...