Pensar antes qué vas a decir y a quién se lo vas a decir. Esa es una de las premisas que nos enseñan en las facultades de periodismo, en esas asignaturas donde se ensayan los primeros titulares, las pirámides invertidas y los pies de foto. Reflexionaba sobre esto al ver la fecha del último comentario del blog y he sentido la necesidad de dar señales de vida. Pero antes hay que saber qué quiere uno decir y a quién. Estos días hay mucho qué suelto en la actualidad informativa: la sweet back home de De Juana Chaos; la muerte de Coll; el derby Barça-Madrid de la Sexta, etc. También los hay en el ámbito personal: la excelente novela, recién leída, Ácido Sulfúrico, de Amélie Nothomb; la comida del sábado pasado en el monte con unos amigos; el último disco de Arcade Fire, pirateado en la red; los papeles de la beca Fulbright; las visitas a pisos en busca de casa; o el último sábado por la noche.
Sin embargo, un qué se impone al resto.
¿Hay en tu vida un qué grande y orgulloso, que se merezca unas mayúsculas?
Sin embargo, un qué se impone al resto.
¿Hay en tu vida un qué grande y orgulloso, que se merezca unas mayúsculas?
6 comentarios:
Muchos.
Sí.
El qué lo tengo para los demás, bien grande y en mayúsculas, con interrogaciones y alguna exclamación ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!
¡Qué mal suena esto!:
"¿Hay en tu vida un qué grande y orgulloso, que se merezca unas mayúsculas?"
Es el eterno y sabio saludo navarro: "¿Qué pasa, o qué?"
Sobrevivo día a día gracias a un pequeño truco: no se trata de tener qués grandes y orgullosos. Se trata de tenerlos pequeños, y saber contarlos como si fueran grandes.
Y que conste que no pretendo ponerme profundo. Sólo hago juegos de palabras con una pizca de sentido.
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