miércoles, 7 de noviembre de 2007

Diario de un corrector (I)

Los mejores profesores de periodismo cultivaban la graciosa costumbre de recoger las perlas de las prácticas de sus alumnos para indicarles qué caminos no debían tomar nunca. Sin citar a los culpables, mostraban frases imposibles, palabros y disparates. Enseñaban divirtiendo, ¿o era al revés?

Ahora, unos diez años después, me toca desempeñar esa tarea oculta e incómoda de corrector. Procuro seguir el ejemplo de los que fueron mis maestros y antes de cada clase práctica leo a los futuros periodistas algunas de las carambolas semánticas que hacen en sus trabajos. En la red hay profesionales que se dedican a eso, unos que enseñan y otros que hacen literatura.

Como no quiero privaros de estos manjares lingüísticos que encuentro en las prácticas de mis queridos alumnos, inauguro ahora este apartado para manteneros al tanto. Para mí no es un esfuerzo porque ya lo hago para ellos, con todo el cariño y el respeto que merecen. Aquí todo menda se equivoca y por eso nunca viene mal ver el lado bueno de las cosas.

Ahora os dejo las primeras perlicas.

Palabros (en cursiva):

La totalidad celeste por no repetir cielo.
Refortalecer en lugar de reforzar, reponer o simplemente fortalecer.
Malsonante mueca. ¿Un oxímoron de genio?
Humanísticamente por humanamente.
Se acercó hacia mí amenazadamente.
Aquello detonaba mal gusto.
A lo lejos nunca vemos personas, sólo siluetas. Y yo a veces veo monstruos.

1 comentario:

David Álvarez dijo...

Yo veo aquí grandes hallazgos.