Esto lo escribo desde el apartamento. Ayer me instalé, día de Reyes, como un niño con juguete nuevo. Era como si nunca hubiera visto frigorífico, cama o cuarto de baño. “¡Eh, ¿dónde vives?!”. “En la tercera con la segunda, al este de Manhattan, a unos minutos de la milla de los museos, donde Woody Allen”. Casi nada. Pues ahí está la clave de lo que pago por la casa. Y cambio de tema.
El apartamento está a dos manzanas de una estación de metro, que, con transbordo en el Bronx, me deja en la universidad, en Fordham Road. Hoy cogí un autobús que atraviesa el Bronx desde Harlem. Había muchos latinos y negros. A diferencia del metro, la gente hablaba. Y si gritaban era sólo en castellano. De cada cuatro pasajeros, dos tenían algún tipo de cojera. Voy a investigar el origen, pero supongo el crack. En NYC, no todo son puentes de Brooklyn (foto).
Hoy he confirmado varios de los estereotipos de Nueva York: la tienda de comestibles y la lavandería. La despensa lo pedía a gritos. El dueño del piso me había dejado pasta, leche y un par de manzanas bailando en la puerta del frigorífico. La tienda parecía cara, y lo fue. Lo veía venir, pero mi estómago me cegó. La próxima compra la hago en Chinatown (foto), con perdón por los gatos de Mulberry Street. Se comenta.
En el sótano de mi edificio, una antiguedad de ladrillo blanco de seis alturas (en el quinto, un servidor), hay tres lavadoras y cuatro secadoras. Funcionan con monedas: 1,75$ el lavado y otros tantos dólares el secado. En una hora y media ya tenía la ropa limpia, seca y doblada en el armario. En mi calle compiten otras dos lavanderías, ambas manejadas por orientales. En una de ellas he dejado un par de camisas que me urgían para el trabajo: la plancha del apartamento sólo sirve para la ropa de los gatos de Union Square (tercera foto).
Las sirenas de la policía y de los bomberos suenan en barrios lejanos como gatas en celo. Enfrente del edificio queda uno de los pocos parques de bomberos clásicos de Nueva York (ay, la foto). El alcalde, Michael Blomberg, los está cerrando para eliminar ruidos de las zonas residenciales. El de esta calle no entró en el plan, pero los vecinos de la zona están recogiendo firmas para que los quiten. Eso me contó Gianni, el dueño del piso. Me dijo que los vecinos del edificio son gente stuck up, arrogantes, que andan como oliendo orines. Me lo contaba en un buen castellano mientras paseábamos por el vecindario. “Aun así, los bomberos, por deferencia, no suelen enchufar la sirena hasta las grandes avenidas”, señaló.
Gianni, italiano, ronda los cuarenta. Bebe mate y vive desde hace quince años en Nueva York. Pero está desencantado con la ciudad. “Es como un gran parque de atracciones con turistas ansiosos”. Él se pasa gran parte del año viajando, especialmente por Sudamérica. Costa Rica, el último país. Si por la biblioteca pudiera decirse algo de una persona, para mí es un gran tipo. Buen gusto en la literatura (McCarthy, Borges, Màrai, Pynchon, Werfel, Pirandello, Cervantes), una balda completa de libros sobre el guión (Syd Field, Rodríguez, Edward Burns) y decenas de curiosidades (un Che Guevara, diccionarios de español, árabe, italiano o un libro de astrología dialogando con uno sobre iMac, pegado a otro sobre Hizbullah). Estudió derecho en Italia, ha trabajado de ayudante (su título es nulo aquí) en despachos de abogados americanos y ahora está, como él dice, “jubilado”. Qué crack. Claro, conmigo hace negocio.
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Gianni, italiano, ronda los cuarenta. Bebe mate y vive desde hace quince años en Nueva York. Pero está desencantado con la ciudad. “Es como un gran parque de atracciones con turistas ansiosos”. Él se pasa gran parte del año viajando, especialmente por Sudamérica. Costa Rica, el último país. Si por la biblioteca pudiera decirse algo de una persona, para mí es un gran tipo. Buen gusto en la literatura (McCarthy, Borges, Màrai, Pynchon, Werfel, Pirandello, Cervantes), una balda completa de libros sobre el guión (Syd Field, Rodríguez, Edward Burns) y decenas de curiosidades (un Che Guevara, diccionarios de español, árabe, italiano o un libro de astrología dialogando con uno sobre iMac, pegado a otro sobre Hizbullah). Estudió derecho en Italia, ha trabajado de ayudante (su título es nulo aquí) en despachos de abogados americanos y ahora está, como él dice, “jubilado”. Qué crack. Claro, conmigo hace negocio.
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