viernes, 19 de diciembre de 2008

Alzar los ojos al cielo

Han pasado ya casi tres semanas desde que se fue. No sé qué escribir. Le pregunté a mi hermano y me dijo que hiciera alegoría y pidiera silencio. Le pregunté a un amigo y me dijo que no dijera nada. Le pregunté a otro y me dijo que pusiera una foto. Y ninguna de las cosas que pensé me bastaba. Me acordé de los textos de otros pero ninguno era suficiente. Ninguno lo es. Este tampoco. Solamente quiero pasar página. Y con esto espero que valga.
Te quiero mucho.
Ayúdame a cumplir ese encargo que me hiciste, desde allá. Desde aquí.

jueves, 20 de noviembre de 2008

No a la pornografía infantil


¡No a la pornografía infantil!
Esto es para los que buscan angels, lolitas o preteens.
Aquí la explicación.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El tercer pajarraco










Esta vista de la entrada occidental al parque de Schönbrunn (Viena) me recordó a la última escena de El tercer hombre. Me decepciona leer que ese plano de dos minutos se rodó en la carretera del cementerio. Con lo dulce que es la ignorancia. A mí me sigue pareciendo igual, como se ve en el fotograma.

Imagino que visitar Viena y pensar en El tercer hombre debe de ser un tanto superficial. Como si un tipo de Leeds pide una paella en Alicante donde un alicantino no entraría en toda su vida. Pero fue Andy, un austríaco, quien decidió salir del torrente turístico.

El parque, al suroeste del centro de Viena, luce jardines laberínticos e imperiales (tiene un zoo). Los Saboya erigieron el Palacio de Belvedere a principios del siglo XVIII para gozo de su dinastía. Sólo hasta el primer cuarto del siglo XX las familias burguesas han podido pasear por allí. Andy dice que casi todos los días, al salir del colegio, quedaba con sus amigos en el parque.

En lo alto, desde el palacete del Belvedere, se divisa la ciudad, más allá del canal del Danubio. Allí comí el típico frankfurter vienés con mostaza y confundí el horseradish con queso rallado. Arg. Ardía. Apuré la cerveza kaiser, pero hubo lágrimas como puños. Después pedí el tradicional café vienés, con su bola de nata bañada.

De regreso al centro de la ciudad, antes de pasar por la casa tirolesa, José Alberto dijo:

-¡Anda, un faisán!


Y no pude evitar fotografiarlo. Yo dije que era un avestruz, pero también se rieron de mí.

¿Alguien sabe quién es el tercer pajarraco?

martes, 18 de noviembre de 2008

¡Paren las rotativas!

Quien escribe correos electrónicos de forma apresurada, descuida la ortografía y la gramática y provoca el desconcierto del receptor. Los errores en la redacción nacen de la urgencia, de la falta de interés o de la ignorancia. A veces, fue un dedo que tocó la i en lugar de la u. Casi siempre, los fallos se deben a la falta de relectura y de reescritura.

José Luis me enseña este correo que le ha enviado un salido. Sabiendo cómo está el patio, las dificultades que tiene el profesorado, la falta de autoridad, la violencia en las aulas, esta noticia de acoso sexual asusta.

Poco después, un alumno [es un buen tipo] escribía: "Hola Miguel, adjunto la práctica con un poco de retraso. El motivo de la demora ha sido la falta de inspiración para titular".

¡Paren las rotativas! Este chaval se merece un hueco en portada.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Se agradece

Dice el diccionario de Coll que los checolsobacos son las axilas de los paisanos de un país de Europa central. Explica muchas palabras con razonamientos canallas y divertidos. Me he acordado de él hoy cuando ordenaba el ordenador, que ya es ordenar. Encontré una foto que me envió Ana, una amiga de Barcelona. Su padre, en una visita al médico, encontró este cartel en la puerta:


Esta mañana irrumpió en mi despacho un jefe que no suele aparecer, un buen hombre, un tanto despistado, que tiene siempre en la boca una pregunta rocambolesca:

-¿Cómo se hace el guión bajo?

Su despacho está en la otra punta del edificio. Mientras le mostraba el gesto en mi teclado se acercó tanto que me pareció un oriundo de Checolsobaquia.

Y yo, con el cardiólogo, pensé: "Ducharse".

Se agradece.

martes, 4 de noviembre de 2008

Cuidador del periodismo


Para la parroquia de este blog esto ya no es noticia, quizá algún despistado quede. Ander Izagirre publica su cuarto libro, conocido (esto es como los hijos de Juan Carlos... Seguro que le encanta la comparación). Lo tengo como profesor de periodismo de reportajes y crónicas viajeras desde 1999. Aunque dejé de pagar la matrícula en 2000, cuando me licencié.

Uno puede seguir sus barzoneos por las depresiones más profundas de la tierra; recorrer los puertos más empinados del Tour en la bici de ciclistas legendarios; ver cómo Yibuti sigue partiéndose en dos mientras sus paisanos mastican una especie de hoja de coca. O, simplemente, leer su blog.

Este es el periodismo de verdad, el que huye del símbolo, el que profundiza en cada grieta de los hechos y el que suda en la escalada persiguiendo a la fuente. Que no se nos escape Cuidadores de mundos, su último libro, ya en la bandeja del editor, recién salido del horno.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Manicura, pedicura y ‘palabricura’ tolerante


El sábado por la tarde bajé a tirar la basura. Olé. Me habían invitado a comer mis padres en su nueva casa, más pequeña, pero soleada. Di un garbeo por la zona, un paseo de reconocimiento canino. Y encontré ese cartel.

Lo políticamente correcto a veces complica el discurso, la gramática y la cultura del ciudadano. Pero es una buena señal descubrir empresarios a quienes no les importa la “nacionalidad” para contratar a "señoras o señoritas" expertas en manicura.

jueves, 30 de octubre de 2008

Seis años después

La onda expansiva me tiró a la cama. No había hecho caso de la policía secreta y me asomé a la ventana del segundo piso. Diez residentes estaban en el salón viendo Una historia verdadera, de David Lynch. Unos cuarenta cerraban sus libros en la sala de estudio. Habría muchos Casado de lengua española, otros tantos d'Ors de derecho romano y un puñado de Kotler para los gestores. El resto, a las 21:03, sólo hacía tiempo en sus habitaciones, armados de tabaco, antes de la cena. Brumb. Me incorporé, vi la columna de humo y salí al pasillo. Al poco, la policía secreta sacó a todos del Colegio Mayor.

Fue el 23 de mayo de 2002. Hoy, a diez metros, han puesto otro coche bomba los valientes, liberadores y comprometidos asesinos de ETA. Desgraciados.

Aquella universidad también es mi casa. Estudié allí. Trabajé allí. Viví allí. Mi cariño y comprensión para todos.

ETA Kanpora! No mataréis el pensamiento. No materéis la libertad. Inútil es vuestra mal llamada lucha, cobardes.

Foto EFE.

viernes, 24 de octubre de 2008

Chinchin y otras cursilerías

Revisar y parafrasear el famoso microrrelato de Augusto Monterroso es repetitivo. Pero si uno encuentra una versión ingenua y honesta, hay que destacarla. Además, parece sencilla y platónica a la vez. ¡No todo va a ser ir de machotes!

La versión se puede leer en servidor no encontrado, la autora entrevistó a un consultor de publicidad:

>>
Un sueño: -------

(es la última de las 20 cuestiones breves que ayudan a completar su perfil)

Y escribe: me despierto y ella ya está allí.
>>

Ya puestos. El otro día, en una cena: foie macerado con mermelada de violetas; carpaccio de tenera y un breve delicioso solomillo al Pedro Ximénez. Vino Ribera del Duero. Y en el tercer brindis:

-¿Y por qué brindamos ahora?
-Por aquello que pensamos y no decimos.

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Pie de foto: ¿Dónde miras, Natalie?

miércoles, 22 de octubre de 2008

Ese perro no contempla

Enrique tiene un presa canario encerrado en una cabaña. Lo veo todos los fines de semana en la curva que abraza la casa de los forestales. El chalet de Enrique está hundido en un bancal de limoneros y la jaula del perro queda a quince metros de la carretera. Detengo el coche, me asomo por la ventana y espero a que el ruido del motor le atraiga. Dos o tres segundos. El perro es majestuoso y se cuadra como un miura en el umbral de la puerta metálica. La cadena acorta su recorrido bruscamente y, en lugar de sentir el tirón, parece que se mueve la jaula. Luego mira hacia arriba, donde está el coche, a veinte metros. Pelo oscuro, moteado de marrones. La cabeza como un balón de fútbol sala y, sobre sus ojos, un antifaz gris. No gruñe, no ladra, no se mueve. Mira profundamente al conductor, que arranca al rato.

Enrique me dijo que se lo había regalado un amigo.

-¿Puedo verlo?
-Si te acercas, te destroza. Ese perro no contempla.
-Es una bestia, ¿y cómo le das de comer?
-Ya me conoce. Ya sabes que he tenido siempre perros, y los conozco.

Vi brazos y piernas esparcidos por el suelo.

No sé por qué detengo el coche cada vez que paso por allí.