
Aguascalientes, México. En un barrio apartado de la ciudad vive una familia numerosa, con diez hijos, en una casa con jardín y perro incluido. La familia y el perro contribuyen de forma importante al ruido del vecindario. Los vecinos se quejan con frecuencia de los gritos, los ladridos, los lloros. Parece que viven al lado de una guardería, murmuran entre ellos. Junto a esta peculiar familia vive una viuda enjuta con un loro rojo y verde. Ella es la vocinglera de las protestas del barrio.
Un día, a las dos de la tarde, la mamá de los diez niños regresa de la compra. Aparca el coche y cierra la puerta con la cadera, mientras agarra las bolsas. Al encarar la casa, observa con horror cómo el perro, con un ágil salto, vuelve feliz del jardín de la vecina. En su boca, cubierto de barro y sangre, el loro de la viuda.
-¡Ahora sí que nos echan del barrio!
Inmediatamente la mujer golpea el hocico del perro y el loro cae sobre el césped del jardín como una pelota de papel mojado. Lo agarra sin pudor, abre el grifo y lo pone debajo. Lo sacude como si de un mocho se tratara y limpia los chorretones de barro de las plumas de colores. Después, corre, salta la tapia del jardín mientras agita al loro para centrifugarlo y se cuela en el porche de la vecina. Comprueba que la viuda no está, abre la jaula, deposita al loro y cierra. Corre a su casa, se sienta en un sofá, recupera el aliento y sonríe satisfecha con la mirada perdida. Misión cumplida.
-¡Ahhjjjjj!
Un grito la espabila.
Es la garganta de la viuda.
La mamá se levanta y decide seguir con el plan. Vuelve corriendo a la casa de la vecina, asustada, con cara de circunstancia.
-¡Señora! ¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?
La cara pálida de la viuda, la respiración entrecortada, y el brazo caído que señala la jaula:
-¡El-el-el-el lo-lo-lo-lo-ro!
-¿Qué pasa con el loro, señora? Está en la jaula... ¡Ah!¡Está muerto!
La mamá pone cara de pena y la mira con falsa compasión. Pero la viuda se derrumba sobre una butaca, mueve la cabeza contrariada y, con los ojos muy abiertos, trata de pronunciar:
-¡Murió ayer! ¡Lo había enterrado hoy!
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PD: Historia que me ha contado mi hermano José. Dice que es real. Le creo.