
Nuevas tecnologías, viejos vicios. Este artículo en El País confirma las sospechas. Ya están aquí. La red de redes se gobierna por la masa embrutecida, por el rumor, por los instintos más bajos. Son los mismos ánimos colectivos que empujan a tirar botellas a un entrenador, a insultar a un árbitro o a pegar una paliza a un pobre individuo en cualquier calle de pueblo. Iguales que los cuchicheos en las plazas de la ciudad o que los dedos que señalan a esa que es una prostituta. Igual que los que callan y comparten la tortura y el terror de los lugares donde ni siquiera es posible votar sin presión. El anonimato desde el que se refugia la gente para despojar la dignidad de las personas. Vuelve el juicio de la hoguera. Son violaciones virtuales, consentidas, compartidas y consumadas. Miles de pederastas en potencia. Serial Killers del youtube. Terroristas por el placer cibernético. No hay vuelta atrás, las máquinas se vuelven contra el hombre, contra aquello noble e incorrupto del hombre. Cada nueva ventana digital genera un millón de miradas viciadas y sólo unas pocas limpias, las vuestras, la tuya, la tuya y la tuya. No nos abandonemos.
------Olvidad esto que escribo y disfrutad, por compensar, de este breve vídeo que repasa la belleza de la mujer en los retratos del arte occidental.